Opinión: El fracaso de Estados Unidos en Irán

Opinión: El fracaso de Estados Unidos en Irán

El martes 7 de abril Estados Unidos e Irán acordaron un cese al fuego para abrir paso a dos semanas de negociaciones. Por intermediación del gobierno paquistaní, Washington recibió de Teherán una propuesta de 10 puntos, misma que Donald Trump consideró “una base viable” para las próximas negociaciones. Ciertamente, no conviene adelantar vísperas, y habrá que esperar los acuerdos finales para formarse una opinión más precisa. Pero en lo inmediato, que el imperio acepte la propuesta iraní como base exhibe debilidad.

Para ocultarlo, Washington ha lanzado una intensa campaña mediática. El presidente hace alarde de “una tremenda victoria”, “al cien por cien”. Su secretario de Guerra dice que: “Irán suplicó por un cese al fuego”, y “Trump tenía el poder de paralizar toda la economía de Irán en minutos, pero ‘eligió la misericordia” (RT, 8 de abril). La portavoz de la Casa Blanca presumió como gran triunfo de Trump haber “abierto el estrecho de Ormuz”; pero ese no era un objetivo original de la guerra, sino otros muy conocidos y que no se consiguieron.

La evidencia desmiente ese triunfalismo. Primero, no serán los objetivos originales de Washington los que guiarán las negociaciones, sino las diez condiciones que Trump acepta como base de la discusión; entre ellas destacan: no agresión contra Irán y sus aliados, mantenimiento del control de Irán sobre el estrecho de Ormuz, aceptación del enriquecimiento de uranio, levantamiento de todas las sanciones, derogación de todas las resoluciones del Consejo de Seguridad, indemnización a Irán por los daños causados, retirada de las fuerzas estadounidenses de la región, alto al fuego en todos los frentes, incluido el Líbano.

La narrativa de Washington encuentra otro mentís en declaraciones de políticos y exfuncionarios. “Líder de los demócratas en el Senado de EE. UU.: me alegra que Trump haya retrocedido y esté desesperadamente buscando cualquier tipo de salida a sus ridículas bravuconadas”. Expertos en el tema tampoco avalan la versión oficial. “[…] Robert Pape [profesor de Ciencia Política de la Universidad de Chicago]: Es una enorme derrota estratégica para Estados Unidos, la mayor pérdida desde la guerra de Vietnam. Muestra el ascenso de Irán como el cuarto centro emergente de poder mundial”. Otro experto estadounidense: “Max Burns: Donald Trump inició esta desastrosa guerra en Irán y el resultado final es un acuerdo en el que Irán obtiene: control del estrecho de Ormuz, enriquecimiento ilimitado de uranio, eliminación de todas las sanciones de Estados Unidos, eliminación de todas las resoluciones de la ONU contra este país, recibir compensación monetaria de Estados Unidos. Preguntemos de nuevo, ¿quién ganó?”. Un famoso escritor estadounidense, Dan Winslow: “Trump desató un desastre internacional por nada y luego entró en una negociación en la que lo perdió todo […] Estados Unidos está débil durante la era Trump” (Todas las declaraciones son citadas por HispanTV el 7 de abril). Los voceros del gran capital, pues, no están satisfechos.

Y los israelitas se lamentan amargamente (Citas de la misma fuente): “Líder de la oposición del régimen sionista: Una catástrofe política como esta nunca ha ocurrido en toda nuestra historia. Yair Lapid: Netanyahu ha fracasado política y estratégicamente y no ha logrado ninguno de los objetivos que se había fijado”. También desde Israel: “El analista israelí Alon Mizrahi afirma: Trump se vio obligado a aceptar las condiciones de Irán. ¿Saben por qué? Porque Irán salió victorioso en este asunto día tras día”. El propio Netanyahu ahora pide que Irán ya no arroje bombas sobre Israel: “Israel apoya la decisión del presidente Trump de suspender los ataques contra Irán, con la condición de que Irán abra inmediatamente el estrecho y detenga todos los ataques contra EE. UU., Israel y los países de la región” (RT, 7 de abril). Desde Europa. “Owen Jones, periodista y activista político británico […] No tengan ni una pizca de duda: esta es la mayor derrota estratégica de Estados Unidos desde su surgimiento como superpotencia” (HispanTV el 7 de abril).

En términos militares y técnicos, Estados Unidos muestra rezago. Para sorpresa de los agresores y del mundo entero, Irán exhibió clara superioridad, haciendo gala de una sofisticada tecnología que deja atrás la capacidad de Estados Unidos. Solo como ejemplo: “The Washington Times: Las municiones de EE. UU. se están agotando tras los extensos ataques aéreos contra Irán […] las reservas de misiles interceptores y armamento clave podrían alcanzar niveles críticos en las próximas semanas o incluso días” (HispanTV, 31 de marzo). “la guerra de desgaste con Irán, la mayor crisis económico-militar de la historia de EE. UU. Cada dron Shahed-136 de Irán: 20,000 dólares. Cada misil Patriot de EE. UU.: 4 millones de dólares. En menos de un mes, Estados Unidos ha lanzado más de 850 misiles Tomahawk. Tiempo estimado de reposición con el ritmo actual de producción: 5 años. Irán tiene una capacidad de producción anual de 100,000 drones, mientras que Estados Unidos produce solo 600 misiles Patriot. Según datos publicados por CSIS, Bloomberg, The Washington Post y el Atlantic Council, una guerra de desgaste con Irán representaría la mayor crisis económico-militar en la historia de Estados Unidos” (HispanTV, 30 de marzo). Además, Irán ha exhibido jaqueos a las principales instituciones militares y de seguridad israelitas, con los que obtiene un conocimiento preciso de su estructura y operación. Y como colofón, la tan alabada “cúpula de hierro” no funcionó: Israel quedó totalmente expuesto a los misiles de Irán y sus aliados.

Y algo fundamental, el pueblo iraní muestra una enérgica y masiva disposición para luchar por su patria. “Cada día, el pueblo iraní se siente más indignado con Estados Unidos e Israel y se moviliza […]; la prueba son los más de 14 millones de firmas recogidas por la campaña ‘Janfada’, ¡lo que demuestra que están listos para luchar! Periodista de la cadena francesa BFMTV: estamos presenciando una reacción muy, muy fuerte por parte de la gente, que está más enojada que nunca; hay una furia popular contra Estados Unidos e Israel, y esto se manifiesta a través de una campaña voluntaria. Cada día, más personas dicen estar dispuestas a movilizarse para la lucha” (HispanTV el 7 de abril). Es imposible vencer a un pueblo con tanta determinación.

A la debilidad de Trump en esta aventura militar se suma su aislamiento. En principio se revelan discrepancias y profundas grietas en los mandos militares y funcionarios de seguridad al más alto nivel; varios han sido destituidos. Crece también la pérdida de confianza de la ciudadanía hacia el presidente: dos tercios rechazan su guerra. Esto representa una seria amenaza política para él. El 3 de noviembre habrá elecciones intermedias, que muy probablemente le serán adversas; estará en juego la Cámara de Representantes, un tercio de los senadores y 39 gobernadores. Ante esta perspectiva, Trump se ve obligado a buscar cómo salir lo menos desacreditado posible del pantano en que se metió.

Además, es generalizado el rechazo de las otras potencias capitalistas y de la OTAN a participar en esta guerra, y eso no le augura nada bueno si el conflicto se prolonga. Y se quedó solo porque los grandes capitalistas consideran suicida enfrentarse con Irán y sus aliados. Vieron en peligro sus negocios, y con mucha razón, a nivel global e incluso localmente, con los bombardeos iraníes a grandes empresas extranjeras establecidas en la región. Atrás de las renuncias, destituciones y la resistencia de importantes medios se oculta el gran capital.

Así las cosas, aunque aún no haya resultados definitivos, sí pueden apreciarse tendencias. A nivel global, sigue abriéndose paso el mundo multipolar, ahora con la visible emergencia de Irán como potencia regional y mundial. Asimismo, se consolida el Eje de Resistencia, integrado por Irán, Hezbolá en el Líbano, Yemen y la Resistencia Iraquí. También se fortalece la resistencia palestina ante el debilitamiento del dominio terrorista de Israel en Medio Oriente. La capacidad de Estados Unidos para proteger a sus socios en la región quedó más debilitada y en entredicho. En fin, si la guerra hubiera continuado (o continúa, no descartarlo) habría sido aun más desastrosa para el imperio; por eso hoy intenta un control de daños, buscando minimizar los efectos y encontrar una salida que le salve un poco la imagen. Pero su debilidad más profunda es económica y tiene carácter sistémico. Sobre ello comentaremos en próxima colaboración.

Texcoco, México, a 8 de abril de 2026