Opinión invitada: China y Estados Unidos deben responder juntos a las preguntas de nuestro tiempo: América Latina espera más estabilidad y desarrollo

Hao Siqi Editor de CGTN Digital

Opinión invitada: China y Estados Unidos deben responder juntos a las preguntas de nuestro tiempo: América Latina espera más estabilidad y desarrollo

En la mañana del 14 de mayo de 2026, el presidente chino, Xi Jinping, se reunió en el Gran Palacio del Pueblo de Beijing con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Xi señaló que, en el actual contexto de acelerada evolución de los cambios seculares y de una coyuntura internacional turbulenta y compleja, el mundo se encuentra una vez más en una nueva encrucijada. Si China y Estados Unidos podrán sortear la “trampa de Tucídides”, hacer frente conjuntamente a los desafíos globales e inyectar mayor estabilidad al mundo se ha convertido en un tema de gran interés para la comunidad internacional. Xi subrayó que los intereses comunes entre China y Estados Unidos superan las diferencias, que el éxito de cada uno representa una oportunidad para el otro, y que la estabilidad de las relaciones bilaterales es un beneficio para el mundo. Ambas partes deben mantener el respeto mutuo, la convivencia pacífica y la cooperación con beneficios compartidos, actuar como socios y no como adversarios, contribuir mutuamente al éxito y a la prosperidad común, y orientar juntos el rumbo de este gran barco que es la relación sino-estadounidense, impulsando mayores avances en las relaciones bilaterales desde un nuevo punto de partida histórico, para servir mejor a los pueblos de ambos países y del mundo.

En los últimos años, en el contexto de continuos intercambios y diálogos a alto nivel entre China y Estados Unidos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, realiza una visita de Estado a China del 13 al 15 de mayo, por la invitación del presidente chino Xi Jinping. Se trata de la primera visita de un presidente estadounidense a China durante nueve años, así como del primer encuentro presencial entre ambos jefes de Estado desde su reunión en Busan en octubre del año pasado.

En la actualidad, el mundo asiste a una transformación secular que se acelera, la situación internacional está marcada por turbulencias y crisis entrelazadas, y la recuperación de la economía mundial sigue bajo presión. Como las dos economías más grandes del mundo, el rumbo de las relaciones entre China y Estados Unidos afecta el bienestar de los pueblos de ambos países e influye profundamente en la estabilidad mundial y el desarrollo global. La comunidad internacional espera ampliamente que esta reunión entre los presidentes de China y Estados Unidos pueda seguir desempeñando un papel de liderazgo estratégico, aportando estabilidad a las relaciones bilaterales e inyectando certidumbre a la economía mundial.

Para América Latina, situada al otro lado del océano Pacífico, la reunión entre los presidentes de China y Estados Unidos también es motivo de gran atención. Frente a la narrativa de competencia entre grandes potencias basada en "quién gana o quién pierde", cada vez más países latinoamericanos se preocupan por una cuestión más realista: si la relación entre China y Estados Unidos podrá estabilizarse, generando así un entorno externo más predecible para la economía global y el desarrollo regional.

Para los países latinoamericanos, unas relaciones estables, sanas y sostenibles entre China y Estados Unidos también se corresponden con los intereses reales del desarrollo regional.

(1) La interacción entre los presidentes de China y Estados Unidos envía señales positivas; América Latina espera estabilidad, no confrontación

Desde que Donald Trump fue reelegido presidente de Estados Unidos, los jefes de Estado de China y Estados Unidos han mantenido una comunicación estrecha a través de llamadas telefónicas, intercambios de cartas y reuniones. Desde la cumbre de Busan del año pasado hasta múltiples rondas de intercambios sobre temas como economía, comercio y la coyuntura internacional, ambas partes han seguido enviando señales positivas para fortalecer el diálogo, gestionar las diferencias y ampliar la cooperación. La comunidad internacional coincide en que, en el contexto actual de creciente incertidumbre global, el mantenimiento de una comunicación estratégica entre los presidentes de China y Estados Unidos constituye en sí mismo un mensaje de estabilidad para el mundo. Esta estabilidad es especialmente importante para América Latina.

Como una región clave en la exportación mundial de materias primas, la economía latinoamericana se encuentra profundamente integrada en el sistema global de comercio y cadenas productivas. La soja de Brasil, el cobre de Chile, el litio de Perú y el entramado manufacturero de México están estrechamente vinculados con el comercio internacional y las cadenas de suministro globales. En los últimos años, las fricciones comerciales entre China y Estados Unidos, la volatilidad de los suministros y los efectos derivados de los conflictos geopolíticos ya han hecho que muchos países latinoamericanos sientan la presión que genera un entorno externo cambiante.

Desde las fluctuaciones de los precios energéticos hasta la cautela del capital internacional; desde el aumento de los costos logísticos hasta la desaceleración de la demanda global, la inestabilidad en las relaciones entre las grandes potencias suele golpear primero a los países en desarrollo. Por ello, cuanto más estables sean las relaciones entre las dos mayores economías del mundo, mayor será la apertura y previsibilidad de los mercados globales, y más amplio será el margen de desarrollo para América Latina.

(2) “La autonomía estratégica” se ha convertido gradualmente en una expresión cada vez más frecuente en la diplomacia latinoamericana.

Cada vez más países latinoamericanos son conscientes de que, en el contexto de una creciente tendencia hacia la multipolaridad mundial, lo más importante no es verse forzados a "tomar partido", sino ganar mayores márgenes para su propio desarrollo.

China ya se ha convertido en un socio comercial fundamental para países como Brasil, Chile y Perú, mientras que Estados Unidos sigue teniendo una profunda influencia en los sistemas financiero e industrial de toda América Latina y el Caribe. Para América Latina, mantener simultáneamente la cooperación con China y los vínculos con Estados Unidos constituye en sí mismo una realidad estructural y una necesidad de desarrollo. Esto implica que la región, más que nunca, anhela que la relación entre China y Estados Unidos se mantenga estable y no se deslice hacia una confrontación total, lo que permitiría preservar flexibilidad y autonomía en sus decisiones de política exterior y desarrollo.

Si la economía global se fragmenta aún más, los primeros en sufrir el impacto seguirán siendo los países en desarrollo. El aumento de barreras comerciales, la ruptura de las cadenas de suministro y la inestabilidad en los mercados de capital limitarían el espacio de desarrollo de las naciones latinoamericanas. Frente a una confrontación basada en bloques, los países de la región están más interesados en cómo impulsar el crecimiento económico, atraer inversión extranjera, realizar la transición energética y promover la modernización industrial.

En los últimos años, la cooperación entre China y América Latina no ha dejado de expandirse. Desde las cadenas industriales de energías renovables hasta la infraestructura digital, desde el comercio agrícola hasta la construcción de puertos y logística, la asociación bilateral avanza hacia niveles cada vez más altos. Hoy, son muchos los países latinoamericanos que reconocen que un entorno económico internacional abierto y estable es más favorable para el desarrollo a largo plazo de la región que la confrontación geopolítica.

(3) La transformación de la gobernanza global y las preocupaciones de América Latina en el marco de las Cuatro Iniciativas Globales

El mundo actual ha entrado en una nueva era de agitación y transformación, caracterizada por un creciente déficit en gobernanza global, desarrollo y seguridad. La prolongación de los conflictos regionales, el resurgimiento del proteccionismo, la acelerada reconfiguración de las cadenas productivas globales y los desafíos de gobernanza derivados de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial se entrelazan, elevando de manera constante la incertidumbre del panorama internacional. En este proceso, la comunidad internacional ha adquirido una comprensión más realista y profunda de la necesidad de mantener una comunicación y coordinación efectivas entre las grandes potencias. Como las dos mayores economías del mundo, China y Estados Unidos hacen que la manera en que gestionan sus relaciones y el rumbo futuro de estas tengan un impacto que va más allá del ámbito bilateral y alcance la estabilidad global.

Para América Latina, el mundo no necesita una nueva guerra fría, ni desea que el sistema internacional retorne a una división en bloques. Muchos países latinoamericanos han defendido durante mucho tiempo el multilateralismo y el principio de no intervención, y aspiran a que las relaciones internacionales se basen en el respeto mutuo, la igualdad y el diálogo, en lugar de en el juego de suma cero y la lógica del poder. Por ello, los principios propuestos por China de respeto mutuo, convivencia pacífica y cooperación con beneficio mutuo están ganando cada vez más reconocimiento entre los países del Sur Global.

Estabilizar las relaciones entre China y Estados Unidos no implica ignorar los intereses de otros países ni delimitar esferas de influencia. La comunicación bilateral orientada a evitar una escalada de la confrontación contribuye a crear un entorno de desarrollo más estable para la economía mundial. Esta estabilidad es en sí misma, un importante bien público global.

(4) Cooperación chino-estadounidense, tranquilidad global; confrontación chino-estadounidense, sufrimiento mundial

Este año, China se prepara para el inicio y despegue del "XV Plan Quinquenal", mientras que Estados Unidos conmemorará el 250.º aniversario de su independencia. Para ambos países, se trata de un momento clave de transición entre el pasado y el futuro. La reunión entre los presidentes de China y Estados Unidos podrá seguir orientando el rumbo de las relaciones bilaterales, permitiendo que este gran barco que es la relación sino-estadounidense atraviese las tormentas y mantenga su rumbo correcto.

El Presidente Xi Jinping ha señalado en múltiples ocasiones que “la Tierra es suficientemente grande para albergar el desarrollo común y la prosperidad respectiva de China y Estados Unidos.” China, un país y una nación con más de 5.000 años de civilización, siempre ha valorado la paz y la armonía. Para América Latina y el Sur Global en su conjunto, la estabilidad nunca ha sido un concepto abstracto, sino una necesidad real vinculada al desarrollo, el empleo y el bienestar de los pueblos. China promueve una diplomacia de grandes potencias basada en la inclusión, la apertura y la cooperación con beneficios compartidos, explorando un camino de convivencia correcto para la nueva era entre China y Estados Unidos basado en el respeto mutuo, la coexistencia pacífica y la cooperación con ganancias mutuas. China siempre ha deseado que ambas naciones puedan superar sus diferencias y fortalecer la cooperación, asumiendo juntas la responsabilidad por la paz y el desarrollo mundiales, impulsando la recuperación de la economía global y creando más oportunidades para los países en desarrollo.